Está ahí cada tarde, sentada frente a la ventana con un asunto en la cabeza que no la deja ser, un asunto que ha estado ahí hace apenas unas cuantas semanas, pero no se va y teme que a la larga le traiga problemas. Todo eso se trata de su relación con Edgar, no tiene un problema en concreto con él, hasta ahora son un pareja feliz, unida y son sinceros el uno con el otro; sin embargo, hace poco ella comenzó a temer el hecho de que tal vez no pueda jamás pertenecer a su mundo, y no al mundo donde están ella y él, sino al mundo en el que está él y todo lo demás, en el que ella casi no encaja, en el que definitivamente se siente perdida si él no la toma de la mano y el problema es que a veces olvida hacerlo. No cree que sea culpa de ninguno de los dos, pero aún así siente que la situación se torna difícil. Hay tantas cosas que la alejan de él, como el hecho de que no puede salir con él como quisiera, que viven tan lejos uno del otro, que hay tan poco tiempo para verse, todo eso se muestra como una brecha entre los dos. Ella tiene miedo de lanzarse al otro lado de la brecha y ver todos sus esfuerzos perdidos si es que él no siente igual. No quiere pasar por lo mismo, no otra vez…
En fin, todo eso le ha estado dando vueltas en la cabeza, una tras otra. No le gusta sentirse perdida pero es que en el mundo de Edgar lo está irremediablemente, entra en pánico y tiene ganas de llorar… de tristeza, de coraje, de sentirse mal por estar ahí sin que él pueda notarlo.
¡Vaya suerte la de este tipo!, con lo tranquilo y relajado que es para ver la vida se vino a topar con la mujer más sentimental que existe, la más complicada, la que trata de analizar la manera en que la toma de la mano, la manera en que la mira, si la abraza y, si no lo hace, es capaz de preguntarse todo un día por qué no lo hizo, qué es lo que pasó y si acaso él se da cuenta de que ella está rara; pero él no lo hace porque él, a su manera, también espera, espera que ella lo mire y le diga lo que no le gusta, que le diga si algo pasa pero desafortunadamente para él, ella no sabe cómo hacer eso, cómo ser ligera, cómo darse cuenta sólo de lo esencial y no de los pequeños detalles confusos que complican todo… ¡ah, vaya suerte de los dos! Sin embargo siguen, uno junto al otro y eso le da todavía más para pensar, se vuelve algo horroroso al llegar la noche, la mente no encuentra descanso.
Y de pronto, ahí está de nuevo, esa opresión en el pecho, ese nudo en la garganta, ese algo que daría lo que fuera por oír al ser querido en ese momento diciéndole que no se preocupe, diciéndole que la quiere, pero eso no pasa y tampoco la opresión del pecho. Ahí está y ella lo sabe, y tal vez por eso teme. Tal vez por eso es que se queda despierta hasta pasada la media noche con la esperanza de que el teléfono suene, no importa cuánto sueño tenga o cuán cansada se encuentre, todo puede esperar si el timbrar se oye… y entonces, ¿dónde queda ella?
Y tras haber pensado todo esto se siente una ridícula sentimental y sonríe como si nada pasara, pero pasa y ella lo sabe, es por eso que después se recuesta y llora sin que nadie lo note, no hay para qué hacer un drama, al fin sólo se trata de cómo ella ve la vida. Al día siguiente despierta como si nada pasara, la opresión sigue ahí y ella sabe que no se irá, pero mientras puede ignorarla, hasta que alguna duda surja y la reviva aún más dolorosa y profunda. Sonríe, porque no le queda otra manera de enfatizar lo que siente, sabe que no es buena externando sus sentimientos, sus emociones, sabe que le hace daño guardarse dentro tantas cosas pero aún así lo hace, así es ella.
Cuando suena el teléfono se alegra, y todo lo que sufrió la noche anterior pasa a segundo término, total, la vida es para vivirse ahora ¿o no?, en el presente, ¿qué más da lo que haya pasado ayer? si sólo con una llamada tratará de olvidarlo. Persona más complicada…
De cualquier manera se siente segura de saber que siempre hay un mañana…


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