miércoles, octubre 06, 2010

Añoranza Efímera...

Lo miró directamente a los ojos y percibió por última vez su aroma. Le quedaba más claro que nunca que hacía lo correcto, aunque caminar a su lado le hizo pensar por momentos si acaso aún hablaba de ella con sus amigos.

¿Qué era lo que diría?¿Lo diría con cierta melancolía en la voz, o ya sólo lo contaba como cualquier otra anécdota de su vida? O en todo caso, si es que ya no lo contaba a nadie, cuál era la razón por la que había decidido enterrarlo en lo más profundo de su ser, fingiendo que todo estaba bien, soportándolo todo: el desprecio, el abandono, el rechazo y la indiferencia que ella debía hacerle notar, dejarle claro.


...Ese maldito aroma...

...Esa estúpida maldición, ¿acaso no la abandonarían nunca?

Tal vez estaba obsesionandose con ello (de nuevo...) pero es que verlo así le producía cierta pena, a ratos sentía que era la villana de esa historia que vio pronto su final, que apenas vislumbró el inicio en una fatídica tarde de soledad, mientras dos personas hablaban envueltas en el misterio de la personificación.

Acaso en ese momento, alguien muy lejos de ahí pensaba también en la añoranza que produce la soledad... al final todos lo hacen...

miércoles, junio 30, 2010

A Veces Le Quiero...


A veces creo que puede ser él, otras tantas pienso que seré una más y de pronto ve en mí su razón de ser mejor, entonces ¿qué se propone con eso? Acaso deba entregarme a este vaivén de sensaciones que provocan sus palabras, cada una certera y letal.


De pronto falta el aire y las ganas de sonreír desaparecen pensando que no debe ser, pero ¿qué sí debería? Un intento más al mundo no le hará daño a nadie, pienso, y todo parece cobrar vida tomando un orden extraño dentro de mi cabeza que ya está demasiado lejos para cuando le necesito. La sensación dentro crece cada vez más y retumba con fuerza en cada uno de mis pensamientos, se apodera a tal grado de mí que me es imposible escapar a ella y me veo enfrascada en una lucha interminable que no me llevará a ningún lado, no quiero dormir esta noche pensando en él...


Encuentro cada una de esas frases dentro, nadando y regocijándose por la victoria que pronto verá la luz, entro en pánico pensando que en algún momento no podré dar marcha atrás y me traicionan las ganas de rendirme ante tal revelación. Me doy cuenta de cuán fácil sería abrir la puerta y dejarle entrar, hacer a un lado todo lo que le impida el paso y darle la bienvenida a las palabras cálidas pero tan sólo imaginar lo pesada que sería la culpa me hace aferrarme a la llave con fuerza casi hasta incrustarla en mi palma derecha para no olvidar por qué no debo hacerlo.


Él está ahi afuera, esperando, eso no es problema pues ha esperado tanto tiempo que ahora sólo es cuestión de empujar otro poco. Sólo falta presionar un poco más y todo sucumbirá, me temo que es así y él se alegra de saber que así será... no lo imagina, lo sabe. Falta poco, se dice y eso le inyecta nuevas energías, nuevas esperanzas, le da más razones para esperar.


Y ahora estoy contra esa puerta, sintiéndome señalada por todo aquello que me rodea, imaginando lo que me haría la vida si fuese tan débil como para abrir esa oportunidad que él tanto desea y que tal vez hasta yo espero que llegue. El tiempo se reduce y con él la espera, acaso sea vencida pero no lo sabré hasta aventurarme allá afuera. Adentro está a punto de desaparecer y me preparo para lo que vendrá, una vez librada la valla no habrá marcha atrás... hay tantas razones para quedarme justo donde estoy que me obligan a ir afuera para darme cuenta que no hay nada qué perder...


De un sólo golpe se abre la puerta y me doy cuenta que he caido en la trampa de palabras dulces, esa es la única verdad, le odio por eso y aún más, pensando que algunas veces le quise; ya no puedo volver atrás, ahora es él o yo, de ninguna manera será "nosotros" ¡eso jamas! Nada valen ya las palabras dulces, las frases profundas que se sentían sinceras, las caricias verdaderas con la mirada, ahora sólo hay que terminar con esto, será un duelo a matar o morir...


...y pensar que aveces le quise...

lunes, marzo 29, 2010

Resignación...




Está ahí cada tarde, sentada frente a la ventana con un asunto en la cabeza que no la deja ser, un asunto que ha estado ahí hace apenas unas cuantas semanas, pero no se va y teme que a la larga le traiga problemas. Todo eso se trata de su relación con Edgar, no tiene un problema en concreto con él, hasta ahora son un pareja feliz, unida y son sinceros el uno con el otro; sin embargo, hace poco ella comenzó a temer el hecho de que tal vez no pueda jamás pertenecer a su mundo, y no al mundo donde están ella y él, sino al mundo en el que está él y todo lo demás, en el que ella casi no encaja, en el que definitivamente se siente perdida si él no la toma de la mano y el problema es que a veces olvida hacerlo. No cree que sea culpa de ninguno de los dos, pero aún así siente que la situación se torna difícil. Hay tantas cosas que la alejan de él, como el hecho de que no puede salir con él como quisiera, que viven tan lejos uno del otro, que hay tan poco tiempo para verse, todo eso se muestra como una brecha entre los dos. Ella tiene miedo de lanzarse al otro lado de la brecha y ver todos sus esfuerzos perdidos si es que él no siente igual. No quiere pasar por lo mismo, no otra vez…



En fin, todo eso le ha estado dando vueltas en la cabeza, una tras otra. No le gusta sentirse perdida pero es que en el mundo de Edgar lo está irremediablemente, entra en pánico y tiene ganas de llorar… de tristeza, de coraje, de sentirse mal por estar ahí sin que él pueda notarlo.



¡Vaya suerte la de este tipo!, con lo tranquilo y relajado que es para ver la vida se vino a topar con la mujer más sentimental que existe, la más complicada, la que trata de analizar la manera en que la toma de la mano, la manera en que la mira, si la abraza y, si no lo hace, es capaz de preguntarse todo un día por qué no lo hizo, qué es lo que pasó y si acaso él se da cuenta de que ella está rara; pero él no lo hace porque él, a su manera, también espera, espera que ella lo mire y le diga lo que no le gusta, que le diga si algo pasa pero desafortunadamente para él, ella no sabe cómo hacer eso, cómo ser ligera, cómo darse cuenta sólo de lo esencial y no de los pequeños detalles confusos que complican todo… ¡ah, vaya suerte de los dos! Sin embargo siguen, uno junto al otro y eso le da todavía más para pensar, se vuelve algo horroroso al llegar la noche, la mente no encuentra descanso.


Y de pronto, ahí está de nuevo, esa opresión en el pecho, ese nudo en la garganta, ese algo que daría lo que fuera por oír al ser querido en ese momento diciéndole que no se preocupe, diciéndole que la quiere, pero eso no pasa y tampoco la opresión del pecho. Ahí está y ella lo sabe, y tal vez por eso teme. Tal vez por eso es que se queda despierta hasta pasada la media noche con la esperanza de que el teléfono suene, no importa cuánto sueño tenga o cuán cansada se encuentre, todo puede esperar si el timbrar se oye… y entonces, ¿dónde queda ella?


Y tras haber pensado todo esto se siente una ridícula sentimental y sonríe como si nada pasara, pero pasa y ella lo sabe, es por eso que después se recuesta y llora sin que nadie lo note, no hay para qué hacer un drama, al fin sólo se trata de cómo ella ve la vida. Al día siguiente despierta como si nada pasara, la opresión sigue ahí y ella sabe que no se irá, pero mientras puede ignorarla, hasta que alguna duda surja y la reviva aún más dolorosa y profunda. Sonríe, porque no le queda otra manera de enfatizar lo que siente, sabe que no es buena externando sus sentimientos, sus emociones, sabe que le hace daño guardarse dentro tantas cosas pero aún así lo hace, así es ella.



Cuando suena el teléfono se alegra, y todo lo que sufrió la noche anterior pasa a segundo término, total, la vida es para vivirse ahora ¿o no?, en el presente, ¿qué más da lo que haya pasado ayer? si sólo con una llamada tratará de olvidarlo. Persona más complicada…


De cualquier manera se siente segura de saber que siempre hay un mañana…

sábado, marzo 20, 2010

Caprichos...

No quiero ir a verlo, me da terror sólo pensarlo. Me he encerrado durante mucho tiempo en mi habitación, ya no deseo escuchar los reclamos de mamá; simplemente no puedo ir, no quiero.

Creo que no he conseguido dormir en tres días, apenas he salido para ir al baño y comer casi nada; no he tenido hambre en tres días, pero le partiría el corazón a mamá si no probara todos los platillos que prepara. Nunca ha cocinado tanto como ahora.

No entiendo por qué pero, aún siento un vacío en el estómago, una opresión en el pecho, me cuestra trabajo respirar, siento que me estoy volviendo loca. La ansiedad me ronda casi todo el día, tanto así que he mordido mis uñas casi hasta sangrar, me veo tan mal... en realidad creo que me veo como me siento, tal vez necesito un baño.

Camino hacia la tina arrastrando los pies, oyendo a mamá detrás de mí, proponiéndome salir, -Ahora no- le digo, - ... necesito un baño... - y ella sonríe maternalmente, pensando que el resplandor está por regresar, que ha llegado la resignación.

Cierro la puerta y el sonido que hace el pasador al girar aún hace eco en mi cabeza, cinco segundos después todavía lo escucho, diez segundos, veinte y sigue ahí, no me deja olvidarlo, acaso sea importante...

El agua tibia sale de la llave, se deposita ligera en la tina creando ondas continuas; cuando está a punto de desbordarse, giro la llave y el chorro cesa.

Poco a poco veo las prendas caer al piso, cuando me doy cuenta ya estoy desnuda. Mi cuerpo es pesado y se niega a moverse; una lágrima corre por mi mejilla y luego otra, brotan una a una resbalando por mi rotro, mi cuello y hasta perderlas de vista. De pronto he dado un paso, otros tres y estaré justo a un lado de la bañera, las piernas me pesan terriblemente, es como si se resistieran a llevarme hasta ahí, ¿por qué?

Me sumerjo en la tina, el agua está más fría de lo que creía, pero eso ya no tiene importancia; las lágrimas no cesan y entonces recuerdo que es jueves. Mis brazos flotan como peso muerto, la opresión en el pecho se ibera de pronto como un gemido de profundo dolor, va más allá de lo que haya sentido nunca, acompaña al llanto.

Cierro los ojos y vuelven a mí los recuerdos, me aplastan. El lunes llamaron muy tarde, llamaron para decirme que él había muerto... un accidente, dijeron, un auto a exceso de velocidad... fue al instante... y siento cómo se me quiebra el corazón, el espíritu, la voluntad. - No quiero ir a verlo... - digo entre sollozos y la opresión del pecho se libera un poco pero el vacío continúa.

Me siento desecha entre un mar de lágrimas y una tormenta de pensamientos. Estoy sentada con las piernas encogidas hacia el pecho y las manos sobre el rostro, haciéndome consciente de que he perdido la mitad de mi alma - ... no quiero ir...-.

De pronto abro los ojos y la veo escondida detrás de la llave: brillante, ligera y afilada, fría al tacto. - Ya no puedo más - me digo en un susurro y la deslizo por mi brazo húmedo y tibio. ¿Por qué estaba escondida?, me pregunto, mientras la hoja rasguña mi piel, mientras veo brotar mi propia vida. "No estaba escondida" dice una voz, que es la mía pero parece que no soy yo, "tú la pusiste ahí ¿recuerdas? Esa noche..."

El vacío es más grande que yo, me consume y recuerdo con claridad el lunes por la noche. Corrí al baño, mamá casi me descubre, no recordé cerrar la puerta, no giré el pasador... Yo la puse ahí.

Ahora todo lo que soy, lo que me mantiene viva, se mezcla con el agua tiñendola de inmediato y formando ondas caprichosas. Me cuesta mucho trabajo respirar, mis pies están pálidos y el agua a mi alrededor, helada. Ya no siento el vacío, creo que perderé el sentido... me embarga una sensación de alivio...

Después de todo, creo que iré a verlo...