Lo miró directamente a los ojos y percibió por última vez su aroma. Le quedaba más claro que nunca que hacía lo correcto, aunque caminar a su lado le hizo pensar por momentos si acaso aún hablaba de ella con sus amigos.
¿Qué era lo que diría?¿Lo diría con cierta melancolía en la voz, o ya sólo lo contaba como cualquier otra anécdota de su vida? O en todo caso, si es que ya no lo contaba a nadie, cuál era la razón por la que había decidido enterrarlo en lo más profundo de su ser, fingiendo que todo estaba bien, soportándolo todo: el desprecio, el abandono, el rechazo y la indiferencia que ella debía hacerle notar, dejarle claro.
...Ese maldito aroma...
...Esa estúpida maldición, ¿acaso no la abandonarían nunca?
Tal vez estaba obsesionandose con ello (de nuevo...) pero es que verlo así le producía cierta pena, a ratos sentía que era la villana de esa historia que vio pronto su final, que apenas vislumbró el inicio en una fatídica tarde de soledad, mientras dos personas hablaban envueltas en el misterio de la personificación.
Acaso en ese momento, alguien muy lejos de ahí pensaba también en la añoranza que produce la soledad... al final todos lo hacen...
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