sábado, octubre 15, 2011

En esta vida o las que siguen...

De pronto dio vuelta a la esquina y lo vio. Estaba a no más de diez metros de ella, pero él no la notó siquiera. Ella se detuvo a mirarlo con detalle, parecía feliz, estaba con alguien más y hacían ya varios años de que todo pasara... tal vez era momento de superarlo (de verdad). Creía que ya lo había hecho pero al verlo ahí se dio cuenta que no era cierto.


Pensó en la última vez que se habían visto, ya no la tenía muy clara y comenzó a darse cuenta de que su recuerdo se había convertido más en un deseo profundo. Casi no recordaba el tono de su voz y sin embargo aún le perturbaba un poco oír su nombre. Tomó asiento en una banca de piedra cercana, continuó mirándolo, aprovecharía cada segundo que no notara su presencia para advertir en él todo lo que realmente era y deshacerse de aquél extraño sentimiento que la había perseguido desde la ruptura.

Entonces recordó la historia que escribió justo antes de que todo pasara, era una historia en la que había volcado todos sus sentimientos por él, pero no el verdadero, sino el que le gustaría que fuera. Comprendió entonces que no se había enamorado de él sino del personaje que había creado para sí misma. Así, de pronto y como un golpe seco, vino a ella el momento de aquél primer beso, el primero de todos; esperaba que fuera la experiencia más increíble de su vida (o al menos de lo que había vivido hasta entonces) pero recordó que no había sido así. Revivió el preciso momento en que lo vio acercarse a ella decidido a hacerlo, tenerlo de frente a menos de un centímetro de su rostro y luego sentir los labios de alguien tocar los suyos por vez primera y aunque estaba emocionada por ello, el mundo no se detuvo.

Volvió a verlo una vez más, nada había sentido en aquél entonces así que, ¿por qué sentir algo ahora? Resultaba una idea ridícula, así que continuó pensando en su pasado para hallar ahí las claves que le llevaran a olvidarlo de una buena vez.

Pensó en las llamadas, en las visitas, en las salidas, en las pláticas y ahora que podía verlo desde otro punto se daba cuenta que no había estado feliz con nada de aquello, parecía que podía conformarse con ello porque estaba demasiado sola o enamorada de una mentira, su propia mentira; estaba demasiado ciega como para creer que aquello no le llenaba del todo. Eso no quería decir que no hubieran tenido buenos momentos, porque los tuvieron, pero no inclinaban la balanza a favor.

Entonces creyó que estar ahí era un error, estar ahí no era mas que volver a lo mismo, tener el mismo sentimiento una y otra vez, estaba harta de ello. Se convenció de que (esta vez) en verdad había terminado con todo eso: con él, con su historia, con sus anhelos y fantasías, todo podía terminar justo ahí y justo en ese momento mientras lo veía besar a alguien más que, seguro sentía algo que ella jamás había sentido a su lado.

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Se abrazaban con ternura, disfrutaban tanto la compañía uno del otro que resultaba fácil entender por qué estaban juntos. Ella le miraba como si hubiera esperado toda una vida (o tal vez más) para estar con él. De pronto él sintió un escalofrío recorrer su espalda y volteó de inmediato, algo no andaba bien. Miró en una dirección específica, como atraído y se sorprendió de eso, fijó la vista en aquello que había llamado su atención; aunque se trataba sólo de una banca de piedra, le producía un extraño vacío en el pecho mirarla y entonces, casi sin querer, la recordó. Recordó a aquella chica de la que se había enamorado una vez, ojalá las cosas hubieran sido diferentes pero, si no había sentido eso en aquél entonces, ¿por qué hacerlo ahora y justo en ese momento? Continuó pensando en ella, tal vez así hallaría la manera de hartarse de su recuerdo y desecharlo de una vez por todas.

Después de todo, ambos volverían a experimentar el mismo sentimiento una y otra vez, fuera en esta vida o en todas las siguientes porque quisieran o no, estaban destinados a vivir uno dentro del otro, fuera como un recuerdo borroso o una fantasía efímera.

sábado, junio 04, 2011

Vagando...

Y estoy aquí de nuevo, tarde, pensando qué es lo que hago mal...

Mi mente se niega a concentrarse, está dispersa, últimamente lo está todo el tiempo, eso no me gusta...

Solitaria, perdida entre mis pensamientos, me da miedo pensar que cada vez que me voy, me cuesta más volver... tal vez llegue el día en que definitivamente no regrese jamás...

Además ¿qué iba a saber yo que no funcionaria? De cualquier manera si tuviera que pasar por ahí de nuevo, lo haría todo igual sin dudarlo...

No sé si se supone que deba sentirme así... tal vez sólo sea esta noche, total, los pensamientos sólo atacan de noche, como todo lo que nos asusta desde pequeños...

¿Mañana? No, ni pensarlo, tiene años que no voy... igual no tengo ganas... no creo que quiera verme ahí... ¿o si?

Mientras él cuenta esa historia yo pienso en la otra... en la que él no quiere contar...

Ah si! ¿En qué estaba?... bueno, tal vez lo recuerde algún otro día....

viernes, febrero 11, 2011

Los extraños placeres de tu ausencia...


Me encantaba molestarlo, confieso que me producía un extraño placer, uno que no soy capaz de explicar.

Algo llamó mi atención la primera vez que lo vi, parecía tan serio, tenía porte, incluso era tan atento que ganó mi agrado de inmediato. Muy pronto descubrimos que éramos demasiado parecidos, teníamos muchos puntos en común así que era fácil abordar casi cualquier tema con la misma loca pasión. Nada nos costó hacer amistad de inmediato, encontramos en el otro la comprensión que nos faltaba de los demás. Nuestras pláticas solían extenderse por horas, siempre divertidas; éramos tan parecidos...


Al pasar el tiempo ganamos confianza uno en el otro y la cordialidad se fue perdiendo, lo más extraño fue que las salidas dejaron de ser tan inocentes, los abrazoas eran más que efusivos y las miradas tramaban algo y ambos estábamos conscientes. La atracción llenaba nuestras mentes y dirigía nuestras acciones de tal manera que fue casi imposible apartarnos uno del otro.


Cuando intentamos separarnos era demasiado tarde, era terrible a lo que habíamos llegado: nos necesitábamos. Hasta donde sé, necesitar algo es lo más grave que alguien tenga que soportar y sin embargo ahí estábamos, en una relación de necesidad mutua, algo casi enfermizo


Aunque estuviésemos juntos, la verdad era que no nos gustábamos tanto como para estarlo. Peleamos infinidad de veces para luego reconciliarnos otras tantas, discutíamos en serio y tal vez hasta nos odiábamos, pero por alguna razón que ninguno de los dos acababa de entender, debíamos estar juntos, no podíamos separarnos. No se trataba de los dos, sino de una lucha interminable con nosotros mismos como si se tratase de un autocastigo.


En algún momento los abrazos tiernos y las miradas amorosas desaparecieron de nuestras vidas, en lugar de ello apareció frente a nosotros la posibilidad de los encuentros cuerpo a cuerpo y las miradas incitadoras a no sé qué clase de cosas más. Ese día ambos sentimos un regocijo enorme y una ira incontenible, en verdad no pudimos contra eso... Recuerdo haberme lanzado contra él en una loca lucha que se debatía entre la euforia y la cólera, todo lo que sentíamos estaba desbordado... era ya muy tarde para separarnos...


Tal vez hasta lamento que llegaramos a tanto, éramos tan buenos amigos... ahora ya no importa, tengo todo bajo control. Me aterra pensar que deshacerme de él era la respuesta para deshacerme de la necesidad y es que después de todo, él era tan lindo...

jueves, febrero 10, 2011

La duquesita...


... un dibujo para variar no???

La rana en mi habitación...

Hace días trabajaba tranquilamente frente a la pantalla de la computadora, era ya bastante tarde porque la verdad las buenas ideas vienen sólo de noche y no las culpo de ser noctámbulas, el mundo de día es bastante difícil. En fin, mientras arreglaba algunas fotografías, y considerando que todo a mi alrededor estaba silencioso como un sepulcro, pude oir un ruidito extraño proveniente de alguna parte de mi cuarto, en realidad no podría definir de donde pero sonaba como el croar de una pequeña rana.

Por supuesto asumí que el sonido tal vez provenía de las bocinas, ya son bastante viejas, así que estuve en silencio otro rato para ver si podía captarlo de nuevo e identificar que efectivamente provenían de las bocinas, sin embargo no sucedió nada.

Al día siguiente me encontraba trabajando tranquilamente en el restirador cortando algunos trozos de cartón, no hace falta decir que de nuevo trabajaba de noche, y mientras colocaba una escuadra en su lugar escuché de nuevo el sonido extraño. La sorpresa se presentó al momento en que recordé que la computadora no estaba encendida y esta vez el sonido parecía provenir de mi cama, como si se tratase de una broma para volverme loca. Traté de no prestarle mucha atención para no distraerme del trabajo pero me quedé bastante inquieta con lo acontecido aquella noche.

Desde aquél día la he escuchado con tanta regularidad que hasta me he acostumbrado un poco a ella y en cuanto la escucho trato de identificar de dónde proviene, encontrándome con que unos días viene de la parte trasera del monitor, otras veces de mi cama, de debajo de ella, de mi clóset e incluso del techo así que para tranquilizar mi alma he decidido darle una conclusión al sonido aquél parecido al croar de una pequeña rana.

Así he llegado a una conclusión: en mi cuarto habita una pequeña rana invisible que se pasa la vida haciendo ruiditos por las noches para distraerme del trabajo o para volverme loca... cualquiera que sea la razón, ella está ganando.