viernes, febrero 11, 2011

Los extraños placeres de tu ausencia...


Me encantaba molestarlo, confieso que me producía un extraño placer, uno que no soy capaz de explicar.

Algo llamó mi atención la primera vez que lo vi, parecía tan serio, tenía porte, incluso era tan atento que ganó mi agrado de inmediato. Muy pronto descubrimos que éramos demasiado parecidos, teníamos muchos puntos en común así que era fácil abordar casi cualquier tema con la misma loca pasión. Nada nos costó hacer amistad de inmediato, encontramos en el otro la comprensión que nos faltaba de los demás. Nuestras pláticas solían extenderse por horas, siempre divertidas; éramos tan parecidos...


Al pasar el tiempo ganamos confianza uno en el otro y la cordialidad se fue perdiendo, lo más extraño fue que las salidas dejaron de ser tan inocentes, los abrazoas eran más que efusivos y las miradas tramaban algo y ambos estábamos conscientes. La atracción llenaba nuestras mentes y dirigía nuestras acciones de tal manera que fue casi imposible apartarnos uno del otro.


Cuando intentamos separarnos era demasiado tarde, era terrible a lo que habíamos llegado: nos necesitábamos. Hasta donde sé, necesitar algo es lo más grave que alguien tenga que soportar y sin embargo ahí estábamos, en una relación de necesidad mutua, algo casi enfermizo


Aunque estuviésemos juntos, la verdad era que no nos gustábamos tanto como para estarlo. Peleamos infinidad de veces para luego reconciliarnos otras tantas, discutíamos en serio y tal vez hasta nos odiábamos, pero por alguna razón que ninguno de los dos acababa de entender, debíamos estar juntos, no podíamos separarnos. No se trataba de los dos, sino de una lucha interminable con nosotros mismos como si se tratase de un autocastigo.


En algún momento los abrazos tiernos y las miradas amorosas desaparecieron de nuestras vidas, en lugar de ello apareció frente a nosotros la posibilidad de los encuentros cuerpo a cuerpo y las miradas incitadoras a no sé qué clase de cosas más. Ese día ambos sentimos un regocijo enorme y una ira incontenible, en verdad no pudimos contra eso... Recuerdo haberme lanzado contra él en una loca lucha que se debatía entre la euforia y la cólera, todo lo que sentíamos estaba desbordado... era ya muy tarde para separarnos...


Tal vez hasta lamento que llegaramos a tanto, éramos tan buenos amigos... ahora ya no importa, tengo todo bajo control. Me aterra pensar que deshacerme de él era la respuesta para deshacerme de la necesidad y es que después de todo, él era tan lindo...

0 comentarios:

Publicar un comentario