Mis pies dolían esa mañana, caminaba deprisa, ya era tarde. Caminaba entre la gente sin mirar a nadie, tal vez... seguramente, ellos tampoco me miraban, cada quien estaba inmerso en sus propios pensamientos, cada quien con sus tiempos, en fin. Yo casi corriendo con mi enorme portafolio pensando en porqué no había salido más temprano de casa.
Llegué a ese medio de transporte tan famoso y no por conocido... bueno sí, un poco, pero sobre todo porque tiene una fama, que bueno!!, en fin bendito metro, me ahorra el tráfico...a veces; la puerta se abrió justo frente a mi y al entrar pude sentir la húmeda calidez que lo caracteriza. Tomé asiento en uno individual justo al lado izquierdo de la puerta, justo donde termina el vagón, una chica se subió deprisa y se acomodó en el espacio vacío frente a mi.
Me miró una y otra vez, comenzó a intimidarme y justo cuando decidí que sería mejor cambiarme de lugar, ella tomó de su gran mochila un suéter o sudadera bastante grande y lo amarró por las mangas de la escalera de emergencia y hacia el tubo que tenía enfrente, sacó otra prenda y repitió la operación para cubrir su costado, de pronto sus brazos se alzaron y segundos después pude ver su blusa en el aire, "por dios!" pensé, "qué demonios hace esta mujer??". Así sin más, la chica se quitaba prenda tras prenda y sacaba otra de la mochila, se la ponía con esfuerzos y todo sin salirse de esa improvisada zona de comfort y pseudo pudor. Ante el asombro de todos los presentes en el vagón la chica se cambió por completo de prendas, retiró sus paredes improvisadas, las metió en la mochila y se bajó en Balderas como si nada.
Vaya que todos ahí quedamos conmocionados ante tal espectáculo, digo, he visto a mujeres "transformarse" al subir hechas un horror y bajar como reinas, pero eso era demasiado hasta para ellas. Yo considero que alguien deberia hacer un documental acerca de las transformaciones de las mujeres que viajan en metro, oigan, es todo un arte, sobre todo para no sacarse un ojo con el lápiz delineador mientras el vagón se agita como camión guajolotero, yo digo que tiene su chiste.
En fin, una experiencia más para contarse con respecto al metro. La verdad no dudo que esta sea la primera de muchas, sobre todo para mí que tiene siglos que no viajo en él. Pues bueno, suerte a todas esas mujeres que exponen su vida día a día viajando de esa manera en el TROME!!!


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