Ahí estaba yo, dentro del mar esordecedor de risas, gritos y pláticas sin sentido de las chicas en un salón de clases a la última hora de un día viernes... simplemente enloquecedor.
La maestra en turno y víctima de nuestra indiferencia, nos daba la clase, o por lo menos eso intentaba, de psicología; algunas chicas en verdad no creían útil esa materia sin darse cuenta que en ella radicaba todo el control del que no les gustaba ser víctimas; en fin, la profesora intentaba en vano mantener callado al grupo y la verdad es que nadie parecía tomarla en serio, y no porque tuviéramos algo en su contra, era más bien que su clase no lograba atrapar nuestra atención en el modo que ella hubiese querido.
Aún no conozco a algún chico o alguna chica de mi edad que pueda mantener puesta la atención en una clase a la última hora de un día viernes por más de cinco segundos ininterrumpidos y eso después de un examen de cálculo (sí, eso fue una proyección... volvamos), además con treinta grados de temperatura en el ambiente que te hagan hervir las ideas. Así que de ninguna manera me sentí culpable por divagar en vez de concentrarme en clase.
Algunas compañeras pasaron a exponer algo que no alcanzaban a entender por completo pero que igual trataban de hacerlo parecer "muuy" interesante, como casi todas. Hasta me parecía gracioso verlas ahí, tronando sus dedos y mirando con nerviosismo sus hojas de información como si aquello pudiese librarlas de su falta de apetito por el conocimiento y darles de pronto las respuestas que no habían encontrado dos semanas antes. ¡Por dios!, si así fuera ya habría leído cada párrafo de la biblioteca escolar y cualquier otra que estuviera a mi alcance, pero eso no viene al caso...
El paisaje en el salón era bastante alentador: algunas con cara de perdidas, otras dormidas tranquilamente sobre sus pupitre, podría decirse que yo mientras imaginaba la cara de angustia que tendrían al tener el próximo examen frente a ellas, simplemente encantador; algunas (las contadas excepciones) no perdían el tiempo y tomaban apuntes acerca de cada palabra que se decía, la verdad es que mi profesora tampoco era tonta y de que se las pagaríamos en algún momento era de lo que más seguras estábamos.
Es curioso, siempre he tenido la capacidad (no sé si para bien o para mal) de poder escuchar cada palabra de los exponentes aún cuando yo estoy en otra cosa, como escribiendo mis sensaciones de este día. La clase que se impartía: El desarrollo psicosexual, según Freud. No es que el tema no llamara mi atención, sino que las chicas no dejaban muchas cosas claras y mi imaginación se ve motivada por casi todo.
A mi lado estaba sentada mi amiga Daniela; no siempre me agradó, al inicio me parecía una persona demasiado desubicada y ahora que la conozco mejor me sigue pareciendo despistada pero es mi amiga y nos entendemos bastante bien, de modo que todo el salón queda dividido en seis grandes (¿grandes?) grupos: las fashion, las sociales, las "sanchez", las matadas, las rebeldes y en el último Dany y yo, es algo extraño... Bueno, el punto es que ella tomaba apuntes mientras yo iba en mis expediciones a la jungla de las ideas y cabe mencionar que no voy ahí seguido.
La clase avanzaba y al tiempo, aumentaban mis deseos de salir corriendo, trataba de relajarme pensando que al fin y al cabo ya era viernes...

Etiquetas: amigas, escuela, salon, viernes