A pesar de todo, no he podido dejar de cuestionarme acerca de cada cosa que hago. Es increible cómo cualquier decisión me lleva a elaborar complicadas preguntas cuya respuesta, más que compleja, raya en lo absurdo.
He decidido avanzar, ir más allá, superar las barreras y conocer nuevos territorios, pero justo cuando estoy más decidida a hacerlo, mis experiencias del pasado me condicionan y dictaminan cómo debo vivir mi presente. "Cuidado", me dice esa voz enloquecedora que habita en mí y para nada me convierte en una desquiciada... "No sabes qué es lo que realmente quiere". Pero si yo no quiero nada, le digo y se mofa de mí, seguramente mascullará entre dientes que soy una ilusa, qué puedo hacer? "Piensa en las desventajas, acaso no te has puesto a pensar en eso que los hace tan diferentes?" dice esa voz a la que trato de ignorar. Pero qué hacer cuando yo también estoy de acuerdo, cuando determino que no me importan las diferencias?
Esa voz es cruel, a veces realista, otras veces chantajista y hasta exagerada, hay noches enteras en las que no puedo dormir con sus reproches o dudas infundadas. Introduce el miedo y la incertidumbre en mi corazón y por más que intento no puedo ya pensar en todo lo que podría salir bien, sólo repaso en mi mente todas esas preguntas que han surgido entre el momento de recostarme en la cama y el de poder conciliar el sueño.
Descubrí entonces que mi problema, literalmente, es pensar. Y así llegué a la conclusión de que no volveré a pensar más en toda la gama de posibilidades y diferentes escenarios para mi vida, la próxima vez me guiaré sólo con el instinto y dejaré que mi propia impulsividad me lleve hasta donde quiero llegar y no me atrevo. La voz tal vez continúe ahí pero tal vez, y sólo tal vez, si la ignoro llegue un momento en que ella también se fastidie de mi actitud y salga corriendo...
He decidido avanzar, ir más allá, superar las barreras y conocer nuevos territorios, pero justo cuando estoy más decidida a hacerlo, mis experiencias del pasado me condicionan y dictaminan cómo debo vivir mi presente. "Cuidado", me dice esa voz enloquecedora que habita en mí y para nada me convierte en una desquiciada... "No sabes qué es lo que realmente quiere". Pero si yo no quiero nada, le digo y se mofa de mí, seguramente mascullará entre dientes que soy una ilusa, qué puedo hacer? "Piensa en las desventajas, acaso no te has puesto a pensar en eso que los hace tan diferentes?" dice esa voz a la que trato de ignorar. Pero qué hacer cuando yo también estoy de acuerdo, cuando determino que no me importan las diferencias?
Esa voz es cruel, a veces realista, otras veces chantajista y hasta exagerada, hay noches enteras en las que no puedo dormir con sus reproches o dudas infundadas. Introduce el miedo y la incertidumbre en mi corazón y por más que intento no puedo ya pensar en todo lo que podría salir bien, sólo repaso en mi mente todas esas preguntas que han surgido entre el momento de recostarme en la cama y el de poder conciliar el sueño.
Descubrí entonces que mi problema, literalmente, es pensar. Y así llegué a la conclusión de que no volveré a pensar más en toda la gama de posibilidades y diferentes escenarios para mi vida, la próxima vez me guiaré sólo con el instinto y dejaré que mi propia impulsividad me lleve hasta donde quiero llegar y no me atrevo. La voz tal vez continúe ahí pero tal vez, y sólo tal vez, si la ignoro llegue un momento en que ella también se fastidie de mi actitud y salga corriendo...
.jpg)

Etiquetas: decision, voz