Aquél día esperaba que fuera sólo una tarde más, una de tantas tardes que hemos pasado juntos. Digo, la verdad es que no hemos pasado muchas pero digamos que suficientes sí.
Llegué un poco tarde, para variar, la verdad es que odio vivir tan lejos pero uno no siempre tiene lo que desea. En cuanto lo vi supe que algo estaba pasando, aún me niego a creerlo pero es que es tan obvio! Cómo ignorar algo así!! En fin, llegamos al lugar donde planeábamos comer y digo planeábamos porque nos desviamos tanto que ni siquiera pudimos hacerlo, comenzamos a caminar alrededor de la plaza. El día estaba nublado y a penas si llovía, caminábamos no muy cerca, no muy lejos uno del otro. Mi corazón estaba acelerado al mil, no podía entender cómo ese sujeto me provocaba tantas cosas, antes otros sujetos habían llamado mi atención muchas veces pero estar con él era diferente.
En nuestro andar nos cruzamos con una cafetería y con el frío que hacía, algo caliente no nos caería mal. Confieso que me gusta mirarlo cuando él está distraído en algo más (como comprar café...) me gustan sus gestos y actitudes; es serio en los momentos serios, atrevido cuando quiere conseguir algo, responsable y sin embargo aún conserva ese carácter infantil gracias al cual nos entendemos tan bien.
Caminamos hacia un pequeño parque, nos sentamos bajo la copa de un gran árbol, vimos caer la lluvia suave y ligera sobre el pavimento oscuro. Me cuesta un poco aceptar que nunca he tenido una sensación parecida en un cuadro tan perfecto como el de aquella tarde...
El gesto final fue el marco perfecto, él tomo mi mano y yo, no necesitaba más... tal vez me estoy enamorando, tal vez él ya lo sepa...
Con todo esto no pretendo llegar a una conclusión, sólo he decidido que si hemos de comenzar bien, por qué no en un cuadro tan perfecto...


Etiquetas: amor, café, cuadro, enamorado, lluvia, perfecto